El desarrollo de la generación venidera de Daniel Veronese
“Tras el portazo”
Para reflejar la miseria en las relaciones humanas posiblemente no haya mejor época que la Navidad, cuando parece obligado llevar la máscara de la felicidad acompañada con las lentejuelas del consumismo y lo políticamente correcto se resume en una exagerada trazada de la sonrisa.
Nada más lejos de la realidad material y espiritual. El escenario alejado de pirotecnias coloristas, desnudo. Testigo inmóvil (que no mudo) del striptease que poco a poco y sin desvanecer la atención del espectador, van llevando a cabo los personajes de la obra que por otro lado, representan a personas “normales”, del montón.
Es la cruda realidad. La soledad entendida como fracaso vital cuando tras los malabarismos por mantener un status social, vemos que nadie aplaude nuestra actuación. Hasta los aplausos han sido robados.
Las dos puertas delimitan las fronteras de lo público y lo privado. Los portazos son como punto y final a las argumentaciones que cada personaje lleva a cabo por propia autocomplacencia y en algunas escenas se convierten en el arranque de situaciones más sórdidas. Lo que hoy entendemos como el micro mundo doméstico (de puertas para adentro).
Poder, sexo, engaños, chantaje material y emocional, soledad (ya citada), humillación pública, violencia física y psicológica, egoísmo, llanto, desesperación, determinaciones drásticas… es el juego trágico de la vida. La otra careta. La otra máscara. El otro disfraz. ¡Que familiares resultan estas actitudes!
Nora decide dejar de ser políticamente correcta o más bien, se ve obligada a ello. Rompe su papel de mascota. De mujer entregada como trofeo. De florero.
El trabajo de los actores, impresionante. Sus dilatadas trayectorias sólo (que no es poco) reflejan lo que en algún artículo he leído: el amor al arte. Y el trabajo constante, añado.
Enrique Villarreal Armendáriz
Enrique Villarreal Armendáriz

Enrique Villareal
Enrique Villarreal comienza a tocar el bajo a los 18 años.[] Durante su juventud en el barrio pamplonés de la Txantrea, a principios de los años 1980, forma parte de los grupos aficionados Punk Sapos Band y Kafarnaún. Tras regresar del servicio militar funda Barricada junto a «Boni» Hernández (ex guitarrista de Némesis) y Mikel Astrain (batería de Etorkizuna). El primer concierto de Barricada tuvo lugar el 18 abril de 1982 y su primer disco, «Noche de Rock&Roll», fue lanzado en 1983 por la discográfica independiente Soñua. Desde entonces, han publicado más de 20 discos y vendido más de un millón de ejemplares.
Villarreal compagina su actividad en Barricada con otros proyectos. El primero en surgir fue la banda de rock Txarrena, cuyo álbum de debut homónimo fue editado en 1992 por PolyGram y producido por Kaki Arkarazo. En el disco colaboraron, entre otros, Aurora Beltrán de Tahúres Zurdos y Andoni, vocalista de Delirium Tremens. Se vendieron más de 40.000 copias. En 1999 grabó un disco junto a la banda pamplonesa Konfusion con el nombre de «La venganza de la abuela».
De forma paralela a su trayectoria musical, El Drogas también ha escrito poemas bajo el pseudónimo de Eva Zanroi, así como el epílogo del libro «Ajuste de cuentos» del escritor navarro Patxi Irurzun, la introducción al libro de Kike García “Suelas de caucho” y doce columnas en el periódico “Gara” bajo el título de “El ojo de la aguja”. Además, el disco de Barricada «La tierra está sorda» (2009) incluye un libro de 184 páginas sobre la Guerra Civil Española escrito por el propio Villarreal. La obra recoge el trabajo de varios años de investigación del músico navarro, durante los cuales asegura haber leído un buen puñado de libros y escuchado las vivencias de varias personas relacionadas con dicho tema.
En 2010, El Drogas fue imagen de una campaña de promoción de la paternidad responsable organizada por el colectivo Andrea.
El desarrollo de la generación venidera de Daniel Veronese
“Tras el portazo”
Para reflejar la miseria en las relaciones humanas posiblemente no haya mejor época que la Navidad, cuando parece obligado llevar la máscara de la felicidad acompañada con las lentejuelas del consumismo y lo políticamente correcto se resume en una exagerada trazada de la sonrisa.
Nada más lejos de la realidad material y espiritual. El escenario alejado de pirotecnias coloristas, desnudo. Testigo inmóvil (que no mudo) del striptease que poco a poco y sin desvanecer la atención del espectador, van llevando a cabo los personajes de la obra que por otro lado, representan a personas “normales”, del montón.
Es la cruda realidad. La soledad entendida como fracaso vital cuando tras los malabarismos por mantener un status social, vemos que nadie aplaude nuestra actuación. Hasta los aplausos han sido robados.
Las dos puertas delimitan las fronteras de lo público y lo privado. Los portazos son como punto y final a las argumentaciones que cada personaje lleva a cabo por propia autocomplacencia y en algunas escenas se convierten en el arranque de situaciones más sórdidas. Lo que hoy entendemos como el micro mundo doméstico (de puertas para adentro).
Poder, sexo, engaños, chantaje material y emocional, soledad (ya citada), humillación pública, violencia física y psicológica, egoísmo, llanto, desesperación, determinaciones drásticas… es el juego trágico de la vida. La otra careta. La otra máscara. El otro disfraz. ¡Que familiares resultan estas actitudes!
Nora decide dejar de ser políticamente correcta o más bien, se ve obligada a ello. Rompe su papel de mascota. De mujer entregada como trofeo. De florero.
El trabajo de los actores, impresionante. Sus dilatadas trayectorias sólo (que no es poco) reflejan lo que en algún artículo he leído: el amor al arte. Y el trabajo constante, añado.
Enrique Villarreal Armendáriz